Las lluvias registradas cada año en Tijuana evidencian la necesidad de aplicar estrategias que ayuden a disminuir el riesgo de deslaves, particularmente en zonas de laderas y taludes donde la erosión del suelo representa un peligro para viviendas, vialidades y la población.
La Arq. África Arreola, directora de REDD (Restauración Ecológica, Diseño y Desarrollo), proyecto de la asociación ecologista Nación Verde, explicó que la infraestructura verde ofrece alternativas para estabilizar estos espacios mediante un enfoque que combina ingeniería, restauración ecológica y el uso de especies vegetales nativas.
“Un talud no se estabiliza únicamente plantando vegetación, también es necesario considerar factores como el drenaje, la pendiente, el manejo del agua y la selección de especies adecuadas para reducir el riesgo de deslaves”, señaló.
La especialista indicó que REDD desarrolla intervenciones que incluyen herramientas como geoceldas o geomantas cuando las condiciones del terreno lo requieren, además de mulch para proteger el suelo y plantas nativas adaptadas al clima de Baja California, con el objetivo de controlar la erosión y favorecer la infiltración del agua de lluvia.
En ese sentido, advirtió que uno de los errores más comunes consiste en creer que cualquier especie puede evitar un deslizamiento, como sucede con el Dedo Moro (Carpobrotus edulis), planta que suele recomendarse para este propósito, pese a que sus raíces superficiales no proporcionan el anclaje necesario para estabilizar un talud.
“Además de no ofrecer la estabilidad que muchas personas esperan, el Dedo Moro es una especie invasora que reduce la biodiversidad y modifica el equilibrio de los ecosistemas de Baja California”, afirmó.
África Arreola subrayó que la aplicación de soluciones basadas en la naturaleza permite recuperar taludes degradados, mejorar la infiltración del agua, reducir la erosión y generar espacios con mayor valor ambiental para las comunidades.
Finalmente, comentó que en una ciudad con las características geográficas de Tijuana resulta indispensable apostar por acciones preventivas que trabajen de la mano con la naturaleza, y así disminuir riesgos para un desarrollo urbano más seguro y sostenible.
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